Abres la transcripción de la llamada de ayer para comprobar una sola cosa. Alguien dijo «te lo mandamos el viernes». La propuesta, las cifras, la presentación: da igual qué. Lo que importa es quién lo dijo. Si fuiste tú, es un compromiso. Si fueron ellos, es algo que esperar. Y una transcripción que corre como un bloque de texto, con tres personas mezcladas en un solo párrafo, no te lo puede decir.
Esa pequeña pregunta decide lo que haces después. Un seguimiento que entiende el compromiso al revés es peor que no hacer ninguno.
Lo que ves ahora en la nota
Si grabas tus reuniones con BlaBlaNote Recorder, la transcripción ya no llega como un bloque. Llega como un diálogo, un turno por voz:
Gorka: Te mando la propuesta el viernes.
Interlocutor 1: Perfecto. Y si puedes, pon en copia a Marta, que lleva el presupuesto.
El grabador mide por separado tu micrófono y el sonido de la llamada antes de mezclarlos, así que sabe cuál es tu voz. Tus turnos llevan tu nombre de pila. Los demás aparecen como «Interlocutor 1», «Interlocutor 2», hasta que decidas quiénes son. Para esta parte necesitas la última versión del grabador, y solo se aplica a lo que grabas con él.

Saber cuál es tu voz cambia algo más que el formato. La IA que resume la nota sabe lo que dijiste tú, así que puede escribir «Gorka se comprometió a enviar la propuesta» en lugar de un vago «se enviará una propuesta». Las tareas y los próximos pasos que salen de la reunión son tuyos cuando son tuyos, y suyos cuando son suyos.
Quién habla: ponerle nombre a cada voz
Junto a la transcripción, la nota te dice cuántas voces siguen sin nombre: «2 sin nombre». Ese enlace abre Quién habla, con una fila por voz.
De cada una puedes escuchar dos o tres fragmentos cortos, lo justo para reconocerla. Luego eliges quién es: una de las personas de esa reunión, alguien que encuentras buscando en tus contactos o un contacto nuevo que creas en ese momento. Si no lo tienes claro, «No lo sé» la deja sin nombre. Y si el grabador se equivocó con tu propia voz, «No soy yo» lo corrige.
La transcripción cambia en el momento en que nombras una voz. Confirmar una voz enlaza ese contacto a la nota, de modo que la conversación acaba en su ficha, junto a todo lo demás que sabes de esa persona. Si eliges a la persona equivocada, el aviso que aparece te deja deshacerlo.
El audio se guarda 24 horas para que puedas escucharlo. Pasado ese plazo puedes seguir nombrando las voces. Solo que ya no puedes reproducirlas.
Lo nuevo de hoy: la IA propone, tú decides
Hasta ahora, nombrar las voces dependía solo de ti. Desde hoy, para todo el mundo, la IA te propone quién es cada voz a partir de lo que se dijo en la conversación.
La gente se presenta más de lo que creemos. Alguien abre con «Hola, Pedro». Una voz menciona la empresa en la que trabaja, o su cargo. Ese es el tipo de pista que busca la IA, y solo busca entre los contactos que ya rodean a la nota: los invitados de la reunión y los contactos detectados en ella.
En Quién habla ves la propuesta con la frase que la justifica («Por la frase “Hola, Pedro”»), un botón para escuchar y dos respuestas: «Sí, es Pedro García» o «Es otra persona».

Nunca enlaza a nadie por su cuenta. El nombre propuesto ya aparece en esa voz de la transcripción, pero hasta que confirmas es solo una propuesta: el contacto no se enlaza a la nota. Si nada en la conversación identifica a una voz, no propone a nadie. Mejor «Interlocutor 1» que un nombre equivocado en la ficha de alguien.
Sin huella de voz
Esto merece decirse con claridad, porque es lo que querrías saber antes de dejar que nadie ponga nombre a las voces de tus reuniones.
No hay huella de voz. Aparte del propio audio, que se borra a las 24 horas, no guardamos nada que describa cómo suena nadie, y no reconocemos a nadie por su voz. Eso sería un dato biométrico, que el RGPD protege como categoría especial (artículo 9), de personas que ni siquiera usan BlaBlaNote. Los nombres de las demás voces salen de dos sitios: lo que se dijo en la conversación y lo que eliges tú.
Lo demás sigue como estaba. El audio se cifra, se transcribe dentro de la Unión Europea y se borra un día después de recibirlo. No lo usamos para entrenar modelos.
Y hay algo que no cambia con ninguna función: avisa a las personas de la reunión de que estás grabando. Es lo correcto, y en muchos lugares es lo que exige la ley.
El detalle que cambia el siguiente mensaje
Escribimos sobre la reunión en la que realmente estabas: escuchar en lugar de teclear y encontrar después la conversación en la persona. Saber quién dijo qué es el paso siguiente. Es la diferencia entre «hablamos de la propuesta» y «te la prometí para el viernes, y el presupuesto lo lleva Marta».
Esos son los detalles que hacen que un mensaje una semana después suene a que de verdad estuviste ahí.
Si una buena parte de tu semana transcurre en videollamadas, descarga el grabador, o actualízalo si ya lo tienes, y mira la próxima nota que te deje. Está incluido en el plan Pro, y todas las cuentas lo tienen durante sus primeros 30 días. Nombra una voz, confirma una propuesta y mira dónde acaba la conversación.
